Hábitos salvajes

Te voy a contar un secreto, y eso sí que no lo hago con nadie.

Han sido días largos. He esperado, he imaginado tanto, tanto.

Me he sentido perdida en este país de desaparecidos, de muertos y de ciegos. Te voy buscando como a tientas y no apareces, o será que soy yo la que no quiere aparecerte.

Los puntos rojos señalan cuerpos, como cicatrices hinchadas, como llagas o estigmas sobrenaturales.

Cuando yo señalo, mis dedos parecen ajenos, me dan miedo, me parecen lejanos; y es entonces cuando sé que yo no soy yo.

Es cuestión de costumbres, de hábitos. Cuando pasa el tiempo el cuerpo y la mente se acostumbran, se les hace fácil y cómodo. Así como se acostumbró el  Adán de Mark Twain a usar la palabra “nosotros” cuando apareció la nueva criatura.

Se acostumbran los sentidos a vivir en las sombras, se acostumbra la mente a no responder a los impulsos; sinapsis rotas y derrames de ideas, fugas de imaginaciones que se convierten en tapaderas de alcantarillas fétidas.

Nos acostumbramos a ver por encima del agua, nadie se quiere mojar de espíritus, a nadie le gusta llorar sobre mojado y mancharse de los llantos ajenos.

No sé cuándo, pero cuando te encuentre, sé lo que te voy a decir: Dame la mano, vamos a nadar.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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