In-Justicias y desazones con sabor mexicano

08/oct/2014

Morelia

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

La cita era a las cuatro de la tarde. El sol pegaba fuerte sobre las caras, sobre los cabellos y las playeras rojas. El ánimo estaba encendido. La rabia podía olerse, podía leerse entre líneas, pero también la solidaridad, el hambre de justicia.

La transgresión de la violencia que ha deformado por completo la vida de los mexicanos, tocó su punto máximo: el asesinato con crueldad incluida llegó a los jóvenes, llegó al sector estudiantil, ese punto frágil, marcado a fuerza de violencia explícita ya más de una vez en la historia de nuestro golpeado país.

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Foto: Celina Manuel

 Los (no) gobiernos de tantas y tantas ciudades perdidas, que no figuran en ningún mapa hasta que su hedor a sangre logra captar la atención de los miles de ojos que andan perdidos buscando alguna esperanza, bajan la frente ante los miles que salen a las calles a gritarles, a exigirles: “fuera los narcogobiernos”.

Aquí, en nuestra ciudad que tanto tiempo anduvo perdida, en Morelia, donde ya tenemos fama de vivir entre AK-47´s y esquivar balas cada vez que sales a la calle, también se alzaron las voces de los indignados contra los hechos sucedidos en el estado vecino, que además de compartir fronteras, comparte situaciones y comparte muertos. Desde Guerrero, aquí llegó también el dolor de los asesinados en Ayotzinapa, aquí se alzaron las voces de los compañeros de profesión, de los intelectuales, de los jóvenes, de la sociedad civil.

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Foto: Celina Manuel

Entre pasos tranquilos, miles de pies resonaban sobre el pavimento, lo hacían temblar. Algunas latas de pintura en aerosol cumplieron su vida útil a través de las manos rápidas de los que se atreven a pintar consignas en las paredes de una ciudad donde no pasa nada. Los ojos, era lo único que podía ver a través de sus capuchas, ojos que iban de un lado a otro, que me atravesaban y me volvían invisible porque querían salir bien en la foto, peo sin identidad.

“Vivos los llevaron, vivos los queremos”

“Porque el color de la sangre jamás se olvida, los masacrados serán vengados”

Palabras que parecían amenazas, palabras de hartazgo, de solidaridad.

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

El ánimo no decaía, pero el sol estaba cayendo de a poco. El destino: la comisión estatal de los derechos humanos.

Si te detenías un momento y mirabas atrás, hacia todos los que venían detrás, podías darte cuenta de cuántas cabezas sumaba el contingente entero. La piel se eriza, los pensamientos vuelan. Hay tantas versiones, tanta información, tanta mierda, que no confundimos.

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

No sabemos quién es quien, no sabemos porque él pinta las paredes de cantera o porque ellos manchan las paredes del Centro Cultural de la UNAM. En fin, la manifestacion comenzó a calentar los ánimos, las paredes se convirtieron en las fachadas de la ciudad, ya no hubo pudor, todo se convirtió en una suerte de kitsch, de amarillismo -¿si podemos ver cadáveres desollados en TV, porque no aguantar paredes manchadas con palabras subversivas?-

¡Vivos, les digo, vivos son reclamados! La muerte trae consigo muchas consecuencias, pero el asesinato con sello de venganza, eso, eso no sé qué traiga, porque la guerra, esa hace rato que nos alcanzó, de ahí para allá, no sé.

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

De repente me pierdo en los detalles, pequeños detalles casi imperceptibles que te cambian las percepciones y las desazones: la niña que marcha al lado de su papá, contenta, con su mochila rosa a los hombros, cargando un cartel que exige justicia, que exige futuro: la batucada que pone el toque de guerra, que despierta a las conciencias y pone a bailar a los cuerpos cansados; las mujeres de la transgresión, las que se juegan la identidad haciendo pintas, pegando carteles en lugares prohibidos; los automovilistas que no parecían enojados con el tráfico, que parecían estar guardando un silencioso respeto; los regaños de unos que no se ponían de acuerdo con los otros; pero al final todo quedó en velas encendidas, en caras conocidas.

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

El contingente llegó a su destino, las marcas del cansancio hicieron lo suyo, las palabras seguían fluyendo, el apoyo estaba como al principio, incondicional.

Foto: Celina Manuel

Foto: Celina Manuel

Las preguntas obligadas llegan a las mentes y hacen lo suyo, al final sólo nos queda la duda y el sentimiento a flor de piel. La incertidumbre me pregunta dónde vivo, quién me gobierna, a quién le debo favores, cómo se los irá a cobrar, me pregunta si me importa, si lucharía, si estoy cansada o esto apenas comienza… me pregunta si creo que podemos ganar. Miro alrededor y pienso que somos tantas cabezas, tantos cuerpos, tantas rabias, tantas voces.

Hoy dormiré con la incertidumbre y trataré de pedirle tregua, trataré de pedirle que los desaparecidos sean los malos, a quién sea que esa palabra se refiera, que se los lleve a todos, que se lleve a los malos que andan de vacaciones y nos ven morirnos a través de sus pantallas.

Foto: Celina Manuel

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Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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