Underwater

El suelo estaba lleno de tierra, de hojas secas que crujían al contacto con su piel, parecía que se quejaran del peso involuntario que caía sobre ellas.

Y mientras tanto, ella sonreía con los ojos cerrados y los pies desnudos. Estaba a mitad de la mucha gente, del mucho ruido y de la impersonalidad infinita, ella era nada y se fundía con el todo; pero volaba sobre las cabezas porque la de ella soñaba y sus pies bailaban, le ardían los raspones que causaba el pavimento y el dolor se convertía en sonrisa y en viento y en sudor.
La pintura en la pared habrá querido decirle algo, pero no supo entenderlo porque se volvió también parte de la arquitectura y bailaba con ella, dependía de ella, se refugiaba en ella.
Las miradas de los curiosos se posaban en su cuerpo, las conciencias reprobaban su falta de pudor.
Entonces una voz -de la que nunca nadie supo nada, que se escapó de los ojos y de las bocas, que sólo el cuerpo de ella supo reconocer- soltó como un grito gravísimo: −La ciudad anda muy gris.−
Y entre tanto polvo que se mezcló con hojas secas, metiéndose en los ojos de los curiosos como un aire molesto e irritante, comenzaron a llover letras, algunos se ahogaron; otros las usaron como remos; los habitantes de las sombras, aprendieron a nadar en ellas.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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