Caminar

No aceptó la amable invitación. No aceptó que la llevaran, porque quería caminar. Prefería caminar entre la noche, aguantando el frío, pensando en toda la deconstrucción reconstrucción que tenía por delante; que ahora sí sería enserio, o esperaba que fuera.

Caminaba y caminaba y sentía que al fin respiraba. Salía a la superficie después de largos minutos en los que pensó que se dejaría morir. Se ahogaba con sus propios sentimientos, se mataba con los pensamientos y se amarraba al piso, se le olvidaba que flotar era su única vocación.

En su cabeza bailaba, escuchaba notas y daba pasos. En su cabeza era medusa y enredadera. En su cabeza bailaba y escuchaba notas.

Caminaba sola, o eso creyó hasta que se dio cuenta de la presencia callada a su lado. Él estaba ahí desde hacía algunos minutos, compartían el camino empedrado de estilo colonial. Ella lo miró de espaldas. Vio su cabello negro, algunas canas se asomaban entre la cabellera negra.

Siguió caminando y él a su lado. No conocían sus caras-cómplices y un semáforo los detuvo antes de cruzar la calle y cambiar de acera. Se sintieron tentados de mirarse de frente, pero  ante un pacto interior no hay mucho que hacer. Los dos sonreían y esperaban.

Caminaron y perdieron la cuenta de los minutos. No supieron más de tiempo. Caminaron uno al lado del otro, compartieron notas y pasos. Caminaron uno flanqueando al otro.

Caminaron hasta las innegables luces y canciones navideñas selladas por un partido político y sintieron las mismas náuseas. La muchedumbre los empujó al punto donde por fin podrían mirarse a los ojos.

Ella corrió. Corrió lo más rápido que le era posible. No quería mirarlo a la cara. Prefería caminar a su lado y compartir pasos y notas.

De él nunca supo nada, pero lo supo todo. Le agradeció los minutos y los pasos y las notas. Le agradeció compartir el camino y no mirarla. Le agradeció que salvara su día de la monotonía y del amor patrocinado.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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