De salud y enfermedad. Del nuevo canibalismo

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Lo primero que sientes al entrar es la ola de un desagradable calor humano, dolor humano, olor humano envuelto en luces navideñas y bolsas de colores.

El olor, piensas, es realmente insoportable, es el kitsch humano, la negación; es más que nada, el olor de la miseria, el olor del desprecio y de la exclusión de un sistema de salud inoperable, insostenible y negligente.

Como siempre, sólo los niños tienen razón. Los llantos no dejan de rondar por los pasillos, las enfermedades tampoco. Las esperanzas se siguen escondiendo en las religiones, que, desvergonzadas, se andan paseando por ahí… es como un campo de concentración para los defectos y las tristezas. Ahora sabes a dónde va la melancolía, dónde se recuesta al lado de la mucha carencia y la poca reflexión.

Los personajes desfilan y tú te entretienes y te asombras con el parecido de unos y otros. Miras a una mujer pequeña, o mejor dicho disminuida, su ropa le queda grande, se pierde entre su suéter verde y su falda oscura, se pierde entre sus cabellos sin forma y su miopía avanzada. Es igualita; piensas en esa película que te conmovió y te puso del lado de las putas, de las amantes pasajeras, de las cosas sencillas, piensas en el personaje femenino y crees que tienen un enorme parecido, “pensé que Italia era sacada de una película” que era entrañable e irreal, y resulta que ahora todo es ficción.

Cuando miras a tu alrededor recuerdas donde estás y el llanto te viene a los ojos como si del centro de la tierra se tratara. ¿Qué sentirías si un día te despiertas sin una parte de ti? Al final de todo, tú eres tu cuerpo… ¿cuerpo mutilado? ¿cuerpo dolor? ¿cuerpo?

Mejor correr, aire frío chocando sobre tu cara, una caminata por los pasillos del hambre. Miras cada uno de los lugares establecidos para calmar, de forma notansananinutritiva, dicho sea de paso; el hambre y las penas.

El local “del chino” parece ser el más popular, su cara te recuerda a uno de “Los Temerarios”, has tenido un día lleno de suerte y celebridades. ¡Y las que faltan!

Mientras tanto, las fantasías oníricas no dejan de molestar, y donde quiera que te escondas, ahí van a encontrarte, te llevan a dormir, abrazan tu cuerpo cansado y se aprovenchan. Te matan.

Así es aquí, un momento pensando en enfermedades y sueños pesados y el otro comiendo. El canibalismo adquiere un nuevo significado.

La vida aquí parece lenta, stop motion de las horas y las malas noticias. Cafés con azúcar, café caliente, café con crema, café insípido, café, café, otro café, por favor.

Y del otro lado un hombre que no deja de observar a los asistentes al campo de concentración. Un voyeurista del dolor humano, que por la noche, ya cansado de la larga jornada, regresa a descansar a su casa, por supuesto, antes de que ser corrido, como todos los demás, por el robot que vigila la entrada.

No está permitida la entrada a seres indeseables tales como libros, no saben dar razones, tal vez tampoco saben leer.

Pero por lo menos hay una ventana. Es un cuadrado de 40 cm por lado, pero por lo menos te dan ganas de tirarte y salir de ahí. por lo menos te acuerdas de que el sueño es efecto de los sedantes y de que hay más que ver afuera.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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