Ash

Después de tantos años de práctica, sigo siendo pésima al inventar verdades, o dicho de otra forma, para decir mentiras… ni yo me las creo cuando me las digo a misma. No importa que la vida vaya de por medio, hay quienes son pésimos para mentir y hay quienes presumen de sus cualidades míticas, las cuales son obviamente mentira, pero les crees.

Ash, mi expresión cotidiana y hasta un poco facilista para afirmar que sí, algo me molesta, en diversos grados de acuerdo a la intensidad con que la pronuncie, pero definitivamente sí, algo me molesta.

Se fue con ella, me dijo alguien que ya no me acuerdo quien era. Ash! fue mi única respuesta. Y me fui. Caminé algunas cuadras para después abordar un taxi, “uno que parezca seguro” pensaba siempre antes de subir, principio que al final nunca aplicaba porque me distraía con las luces de la calle.

Mi disposición al diálogo con un desconocido estaba en cero, sin embargo el conductor, que parecía de esas personas a las que nunca logras adivinarles la edad, parecía dispuesto a llevarme al límite de la paciencia y de la desconfianza, quería traspasar el límite del misterio entre desconocidos, quería distraerse, ser amistoso, ser odioso, o asustarme  –estado en el que ya estaba, después del nerviosismo  y la exagerada paranoia causada por la experiencia y los oscuros relatos urbanos de mi papá (o ninguna de las anteriores).

 Hablaba, hablaba, se reía, miraba por el retrovisor y veía mi cara. Mi cara, que creo que esbozaba una línea que se asemejaba un poco a una sonrisa artificial, forzada y sintética. Mi cara de ash.

Entonces me preguntó mi nombre, así fue como desperté del autismo en el que estaba metida desde hacía un buen rato. Mi cabeza comenzó a idear, y no sé por qué, pero sólo se me ocurrían nombres ridículos e improbables, de esos de los que uno suele reírse, o de los que usas cuando eres niña y juegas a ser otro, cuando juegas a ser grande, con dramas y todo.

Me preguntó a qué me dedicaba y realmente me divertí pensando que uno puede ser lo que quiera cuándo el otro no te conoce. Yo siempre quise ser exploradora o inventar historias o explotar mi talento para molestar a los niños pequeños.

Y así fue como esa noche terminé siendo Cherrie, la auténtica domadora de leones, viajando por el mundo sin rumbo fijo, con la mirada fija, seria, de paseo en una ciudad perdida.

Ahora sí, el miedo se olía en viceversa, de allá para acá.

Ajá.

¿Quién dice que no soy buena mintiendo?

Ash.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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