De olores y algo más

El olor…  su olor, era lo que más deseaba, lo que más lograba crear en ella esa necesidad de tenerlo, de sentirlo, de fundirse en él.

La mayoría de las personas odian el olor a fierro, tal vez porque les recuerda el olor de la sangre, de la muerte o de la perversión.

Y ese mismo olor que tanto repugnaba a los otros, era el fetiche preferido de esa mujer que parecía flotar en las calles, vestida sin cuidado, despeinada… evocando una medusa que merodea por las aguas de cualquier mar, sin más… más que flotando, bailando con la parsimonia que sólo los espíritus presumen.

Ella lo esperaba sentada en su sofá viejo, que no sabía ocultar las marcas del tiempo ni del constante uso. Frente a la ventana, veía la mejor telenovela que podría existir.

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About lizmendozas

Experta en tripodología felina. Quisiera ser tortuga y vivir en el mar.
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